Como formador o formadora, sabes que una clase bien planificada marca toda la diferencia entre una sesión fluida y una en la que terminas improvisando. Sin embargo, no siempre hay tiempo para dedicar horas a preparar cada sesión. Por eso, hoy te proponemos una rutina de planificación simple y efectiva para hacerlo en menos de 30 minutos, sin perder el foco en el aprendizaje real del alumnado.

Comienza con un objetivo claro (5 minutos)

Antes de abrir tu temario o buscar recursos, dedica unos minutos a pensar en el propósito real de la clase. Es fácil caer en la trampa de preparar una sesión pensando en “lo que toca” o en “lo que está en el programa”, pero eso no siempre se traduce en aprendizaje. Por eso, lo primero es definir qué quieres que el grupo sea capaz de hacer al finalizar la sesión.

Un objetivo claro no solo te ayuda a ti a mantener el rumbo, sino que también da sentido a la clase para el alumnado. Si el objetivo es concreto, las actividades y el contenido se alinean de forma natural. Por ejemplo, en lugar de plantear un objetivo genérico como “revisar conceptos”, puedes formularlo de forma más operativa: “que el alumnado sea capaz de aplicar el procedimiento X en un caso real”.

Diseña tu sesión en tres bloques (10 minutos)

Una vez definido el objetivo, el siguiente paso es darle forma a la sesión. La estructura de inicio, desarrollo y cierre es una base sencilla pero muy efectiva porque se adapta a cualquier tipo de contenido y a cualquier grupo. En el inicio, tu misión es situar al alumnado: explicar qué se va a trabajar, por qué es importante y cómo se relaciona con lo que ya saben.

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El desarrollo es el núcleo de la sesión. Aquí se introducen los conceptos clave, se explican con ejemplos y se acompaña de una actividad práctica. Lo más importante en este bloque es mantener el foco en el objetivo definido al inicio. No se trata de cubrir todo el contenido posible, sino de trabajar lo que realmente va a permitir al alumnado avanzar. Si el grupo se atasca en un punto, es mejor dedicarle más tiempo y profundizar, que seguir avanzando y dejar conceptos mal entendidos.

Por último, el cierre es el momento en el que todo lo trabajado se ordena. Un buen cierre no solo resume lo aprendido, sino que también ayuda al alumnado a conectar la sesión con lo que vendrá después. Si terminas la clase sin cerrar, el aprendizaje se queda disperso y el grupo puede salir con dudas sin resolver.

Prioriza: qué es realmente imprescindible (5 minutos)

Cuando tenemos poco tiempo, es habitual intentar abarcar demasiado, y eso suele llevar a una sesión demasiado densa y poco efectiva. Por eso, dedicar unos minutos a decidir qué es lo esencial es una inversión que se nota en la calidad de la clase.

Piensa en lo que el alumnado necesita dominar para avanzar, y qué parte del contenido podría dejarse para otra sesión o convertirse en trabajo autónomo. A veces, lo más útil no es explicar todo, sino seleccionar aquello que permite construir una base sólida. Priorizar hace que lo importante destaque.

Incluye al menos una actividad práctica (5 minutos)

La teoría es necesaria, pero sin un momento en el que el alumnado la ponga en práctica, es difícil que se consolide. Por eso, incluso en una clase breve, siempre conviene incluir una actividad que permita aplicar lo aprendido. No hace falta que sea algo complejo o muy elaborado; lo importante es que conecte con el objetivo y que el grupo pueda ver su utilidad en un contexto real.

Puede ser un caso práctico sencillo, una pregunta para debatir en parejas, una prueba rápida individual o un mini-proyecto aplicado. La clave es que la actividad sea lo suficientemente breve como para encajar en la sesión, pero lo bastante significativa como para generar reflexión y aprendizaje. Cuando el alumnado participa activamente, no solo aprende más, sino que también se siente más implicado y se mantiene atento durante el resto de la clase.

Cierra la sesión con intención (5 minutos)

Muchas sesiones terminan simplemente porque se acaba el tiempo. En lugar de eso, dedica unos minutos finales a cerrar la sesión con intención. El cierre es el momento en el que todo lo trabajado se ordena y se consolida. Resumir los aprendizajes clave, relacionar lo visto con próximas clases y comprobar con una pregunta si se ha alcanzado el objetivo permite al alumnado ver el sentido de lo que ha aprendido y llevarse una idea clara de lo esencial.

📝Checklist de planificación rápida

Antes de entrar al aula, revisa que tienes:

✔ Objetivo de aprendizaje bien definido
✔ Estructura dividida en inicio, desarrollo y cierre
✔ Contenidos esenciales seleccionados
✔ Actividad práctica alineada con el objetivo
✔ Estrategia de cierre para consolidar aprendizajes

Planificar no tiene que ser una tarea tediosa. Con un método claro y consciente, puedes ahorrar tiempo y centrarte en lo que realmente impulsa el aprendizaje de tu grupo.

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