Como formador/a, probablemente ya sepas por experiencia que la improvisación y la falta de planificación son malas compañeras de viaje. Muchas veces nos centramos tanto en el contenido que olvidamos cómo va a ser consumido y asimilado. Aquí es donde entra en juego el Diseño Instruccional (DI), una herramienta estratégica que garantiza tu buen desempeño y el de los asistentes.
Si tu objetivo es dejar de lanzar cursos que no se completan o que tienen baja retención, este artículo es para ti. Te explicamos qué es el Diseño Instruccional, por qué lo necesitas urgentemente y qué modelos puedes aplicar hoy mismo.

¿Qué es exactamente el Diseño Instruccional?
El Diseño Instruccional es el proceso que permite a los docentes crear un proceso formativo en el cual no solo se escogen contenidos o recursos, sino que se hace una planificación sistemática que incluye valorar necesidades, desarrollar, evaluar y mantener los materiales.
Podemos definirlo como una «arquitectura pedagógica»: es el proceso mediante el cual se planifican estructuradamente todos los elementos de un curso para convertirlo en una experiencia de aprendizaje exitosa. En términos sencillos, el DI añade una capa pedagógica al contenido; define qué debe aprender el alumno, en qué orden y cómo, para asegurar que el conocimiento se transfiera al mundo real.
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¿Por qué aplicarlo en tus formaciones?
Aplicar el diseño instruccional no es solo una cuestión teórica, es una decisión estratégica que impacta directamente en la calidad y en la motivación. Aquí te damos razones de peso para adoptarlo:
- Evita la formación ineficaz: ayuda a resolver problemas comunes como cursos largos que no se terminan, contenidos irrelevantes o baja retención del conocimiento. Al partir de objetivos claros y necesidades reales, se construyen experiencias formativas con sentido.
- Eficiencia y ahorro de recursos: un diseño bien planificado reduce improvisaciones y cambios de última hora, esto se traduce en ahorro de tiempo, dinero y esfuerzo tanto para el formador como para los alumnos.
- Puente hacia el desempeño: un curso bien diseñado no busca solo que el alumno «sepa más», con el diseño instruccional se pone el foco también en la aplicación práctica, la resolución de problemas reales.
- Coherencia pedagógica: garantiza que todos los elementos del curso estén alineados: objetivos, contenidos, actividades y evaluación. Esta coherencia mejora la comprensión del curso y aumenta la percepción de calidad.
- Adaptabilidad y personalización: permite adaptar los cursos a diferentes entornos y audiencias, asegurando que el proceso sea significativo para el estudiante.
Tipos y Modelos: ¿Cuál elegir?
A lo largo de las décadas han surgido diversos modelos. No existe uno único que sirva para todo; la elección dependerá de tus objetivos, el contexto y el perfil de tu alumnado.
Modelo ADDIE (El clásico)
ADDIE es el acrónimo de sus cinco fases: Análisis, Diseño, Desarrollo, Implementación y Evaluación. Se trata de un modelo secuencial y estructurado que sirve como base para muchos otros enfoques.
- Ideal para: proyectos formales, institucionales o que requieren mucha documentación y estructura estable.
- Lo bueno: es claro, ordenado y fácil de replicar.
- Lo malo: su estructura lineal puede resultar poco flexible si necesitas hacer cambios rápidos.
Modelo SAM (La alternativa ágil)
El Successive Approximation Model se inspira en metodologías ágiles y en el desarrollo de software. Funciona mediante ciclos cortos de planificación, prototipado y revisión continua.
- Ideal para: cursos de e-learning, contenidos «vivos» que cambian frecuentemente o cuando necesitas validar decisiones de diseño rápidamente.
- Lo bueno: permite detectar errores pronto y es muy flexible.
Modelo ASSURE (El tecnológico)
Este modelo pone el foco en el uso eficaz de la tecnología y en la participación activa del estudiante. Sus fases incluyen analizar al estudiante, establecer objetivos, seleccionar y utilizar medios, fomentar la planificación y evaluar.
- Ideal para: entornos de aprendizaje semipresencial (blended learning) o clases que requieren una planificación detallada de recursos digitales.
- Lo bueno: promueve un aprendizaje activo y bien integrado con herramientas tecnológicas.
- Lo malo: puede resultar complejo si no se cuenta con recursos tecnológicos adecuados o experiencia previa.
Modelo de Dick y Carey (El sistémico)
Se basa en que todos los elementos (desde el análisis del contexto hasta la evaluación) deben diseñarse de forma coherente y alineada. Se implementa en nueve fases secuenciales.
- Ideal para: formación basada en competencias o centrada en tareas y proyectos finales.
- Lo bueno: ofrece un alto nivel de coherencia y alineación entre objetivos, actividades y evaluación.
- Lo malo: su complejidad lo hace menos ágil para proyectos pequeños o de corta duración.
Otros modelos a tener en cuenta
4C/ID: diseñado para el aprendizaje de tareas complejas mediante la resolución de problemas reales.
Gagné: propone 9 eventos de instrucción basados en los procesos cognitivos (como captar la atención o estimular el recuerdo), ideal para estructurar sesiones paso a paso.
Backward Design (Diseño Inverso): plantea empezar por el final: definir qué debe saber hacer el alumno y, a partir de ahí, diseñar las evidencias y actividades.
Conclusión
El Diseño Instruccional es el paso previo imprescindible para liderar experiencias de teleformación eficientes y atractivas. No importa si eres un formador independiente o parte de una empresa; invertir en un buen diseño instruccional garantiza que tus cursos no sean solo «información», sino verdaderas experiencias de aprendizaje que generen mejores resultados.
